Entrevistamos a Blas Molina, ex-director gerente de EPREMASA e impulsor de la planificación en la gestión de los residuos en la provincia de Córdoba, por ser el galardonado en los Premios Anepma 2018 en la categoría Administración/Empresa pública.

Tras ocupar varios cargos en la Diputación de Córdoba durante años, Blas Molina fue la persona encargada en 1992 de poner en marcha la Empresa Provincial de Residuos y Medio Ambiente (EPREMASA), dependiente de dicha Diputación y enfocada a la gestión de los residuos en la provincia de Córdoba. Como director gerente, Blas Molina estuvo al frente de EPREMASA hasta 1999 en un primera etapa, pues volvió a ocupar este cargo en una segunda fase entre 2014 y 2011. Con todo, Blas Molina ha sido en cierto sentido el alma de EPREMASA, algo por lo que ha recibido el Premio ANEPMA 2018 en la categoría Administración/Empresa Pública.

Dada tu larga trayectoria en el sector de la gestión de los residuos, en términos generales ¿qué destacarías especialmente sobre su evolución en los últimos años en España?

No cabe duda de la transformación que ha tenido la gestión de los residuos en las últimas décadas. El camino recorrido  no ha sido fácil y se han dado pasos muy importantes en un tiempo relativamente corto ya que la transformación de las infraestructuras no siempre es fácil ni se dispone de los mecanismos, principalmente los financieros, fácilmente. Como la situación de partida era tan básica la evolución,  tanto  en los sistemas de tratamiento como en la recogida o la limpieza viaria, han cambiado radicalmente la visión y el aspecto que se tenía de estos servicios. Hay modelos de gestión realmente buenos y que ofrecen a sus ciudadanos unos servicios de primerísima calidad a unos precios muy razonables, sobre todo si los comparamos con los de nuestro entorno europeo. Los medios para la recogida y para la limpieza viaria han tenido una transformación importantísima en los últimos años incorporando a los vehículos todo lo que ofrecen las nuevas tecnologías, mejorando considerablemente la gestión de los servicios, la seguridad y el confort para los operarios que los prestan,  ofreciendo al ciudadano unos resultados de calidad muy aceptables.

En cuanto a los sistemas de  tratamiento de los residuos, cuyo avance es innegable,  creo que la evolución ha sido más irregular. Es un hecho evidente la ingente cantidad de dinero que se ha inyectado por parte de la CE para los diferentes proyectos de gestión de residuos. ¿Hemos aprovechado bien estos recursos o cada cual ha hecho lo que ha considerado más conveniente?

Desde mi punto de vista no se han establecido criterios comunes, salvo los legislativos, para el tratamiento de los residuos. La implicación de las Administraciones Autonómicas ha sido muy dispar en las diferentes regiones de España. Hay sitios donde imponen su criterio y establecen las normas para las instalaciones de tratamiento de los residuos y en otras, como en el caso de Andalucía, se limitan a conocer y autorizar sin más el proyecto que presente el Ayuntamiento, Mancomunidad, Consorcio, etc. Esta forma de actuación ha dado lugar a una proliferación enorme de instalaciones, cercanas unas de otras, con criterios totalmente diferentes y con un aumento considerable de recursos que, utilizados de otra manera, hubieran permitido una racionalización beneficiosa para los ciudadanos. Estas actuaciones están más en la línea de agradar políticamente que en un simple análisis técnico de las necesidades ciudadanas.

No han evolucionado, a mi juicio, demasiado los diferentes sistemas de tratamiento. Hubo una primera época en la que se construyeron plantas y vertederos que quitaron la imagen tercermundista, sobre todo en el ámbito rural, que ofrecían los residuos. Estas plantas van teniendo una evolución lenta para incorporar nuevas tecnologías que permitan un mayor grado de recuperación y  aprovechamiento de los residuos, que es por donde debiera avanzarse. Es cierto que se están implantando nuevas fórmulas de tratamiento novedosas que en muchos casos no estoy seguro si  obedecen  más a intereses económicos que a una verdadera solución tecnológica para la eliminación de los residuos.

Mi experiencia en el tratamiento de los residuos está más en el ámbito rural. Siempre hemos manejado con prudencia la incorporación de nuevas tecnologías, sin renunciar a ellas, pero teniendo en cuenta que estas no sean una carga insoportable para la comunidad que es la que tiene, o debiera tener, la obligación de mantenerlas. Una planta que incorpore tecnologías que aumenten la recuperación y el aprovechamiento (envases, materia orgánica, enseres,…) de los residuos, que las hay, y un vertedero para el rechazo final bien gestionado pueden suponer una solución tan válida como cualquier otra, teniendo en cuenta que muchas veces en el ámbito rural el terreno no es un problema.

 ¿Qué ha significado recibir el Premio Anepma 2018 en la Categoría de Administración/Empresa Pública?

Siempre es placentero recibir un premio. Recibirlo cuando ha concluido tu vida profesional y de un colectivo tan cualificado como es el que integra ANEPMA es algo que a mí me cuesta trabajo describir. Se agradece enormemente las muestras de afecto y que se acuerden de ti. He trabajado a lo largo de mi vida tanto en el sector público como en el privado. Siempre he tenido vocación de servicio público y con pasión me he dedicado a él, tanto en el campo de los residuos como en otros frentes, gran parte de mi vida. Tuve la oportunidad de participar en la planificación de la gestión de residuos en la provincia de Córdoba y en la creación de un instrumento de gestión, EPREMASA, que ha sido una herramienta eficaz para dar una solución aceptable a los problemas que generaban los residuos en mi provincia y siento que en algo he mejorado la vida de los ciudadanos de mi entorno. Esto ya, de por sí, es un premio. Que además te lo reconozcan supone un orgullo enorme y un agradecimiento para siempre.

A lo largo de tus años al frente de EPREMASA en la provincia de Córdoba ¿Con qué dificultades os encontrasteis para avanzar en un sistema eficiente para la gestión de los residuos?

Cuando en la Diputación de Córdoba comenzamos a trabajar en el Plan Director de Gestión de Residuos lo hicimos pensando en todo el territorio provincial. En los inicios se contemplaban en el Plan únicamente aquellas actuaciones que tenían un marcado carácter supramunicipal y que difícilmente los ayuntamientos de la provincia, por su tamaño y por sus limitaciones, podrían abordar de  manera individual. Es decir, se contemplaba fundamentalmente el tratamiento que se llevaba a cabo mediante vertederos sanitariamente controlados y plantas de transferencias para los municipios más alejados del vertedero. Se construyeron siete vertederos y otras tantas plantas de transferencia, asumiendo la Diputación los costes de tratamiento que prestaba con personal propio y el transporte desde las plantas de transferencia que también realizaba con medios propios.

Estas actuaciones se completaron dotando a los municipios de vehículos apropiados para realizar la recogida que realizaba el propio ayuntamiento y llevando a cabo un Plan de sellado de vertederos incontrolados en el que se eliminaron más de ciento cincuenta en toda la provincia. Este Plan, en los inicios, lo llevó a cabo, en solitario, la propia Diputación Provincial siguiendo lo establecido en la Ley de Bases de Régimen Local en cuanto a prestación de servicios supramunicipales. Dice el refrán que lo que no va en lágrimas va en suspiros. El coste de estos servicios formaba parte del dinero que la Diputación invertía en los municipios; lo que gastaba en esto se detraía de otros servicios provinciales. Pero ya de forma indirecta todos estaban en el sistema y no tenían excusa para seguir vertiendo sus residuos, de manera incontrolada, en las salidas de las poblaciones. Podríamos decir que estas actuaciones fueron un “regalo envenenado” que de  alguna forma condicionó el éxito del Plan Director.

Una vez construida la infraestructura en la provincia, la Diputación crea un instrumento de gestión que, con el paso de los años, se convirtió en una herramienta eficaz para dar una solución aceptable a los problemas que generaban los residuos. Ese instrumento fue EPREMASA, que bajo la fórmula de Sociedad Anónima (con capital exclusivo de la Corporación Provincial) comenzó a operar en 1992.

Con los inicios de la Sociedad se empezó a repercutir el coste del tratamiento a los municipios y se fueron ampliando los servicios, fundamentalmente el servicio de recogida, que poco a poco empezaron a demandar los mismos. Este servicio se realizaba en virtud de acuerdos que la Diputación firmaba con los Ayuntamientos. La Diputación y el Ayuntamiento firmaban un convenio de colaboración y en virtud de ese convenio EPREMASA prestaba el servicio.

El crecimiento tan espectacular que tuvo la empresa, con la entrada de muchos ayuntamientos que demandaban el servicio de recogida, fue el inicio de las primeras dificultades. Estamos hablando de unos tiempos en los que los ayuntamientos tenían serios problemas económicos. Vamos que, en líneas generales, pagaban mal a todos. A nosotros que éramos más cercanos por ser empresa pública de Diputación pues peor.

Uno de los objetivos fundamentales, si no el principal, que nos habíamos planteado desde los inicios de la empresa fue la autonomía financiera. Esta es fundamental si queríamos tener una organización empresarial estable que no supusiera ni un problema para la Corporación Provincial, que ya  había realizado su aportación creando toda la infraestructura, ni para los propios ayuntamientos. El cobro directo a los ayuntamientos, la duración del convenio con la Diputación que era de un año prorrogable por períodos anuales y la situación financiera de la mayor parte de los ayuntamientos fueron los primeros nubarrones que amenazaban seriamente a la empresa. Ante esta situación planteamos a la Corporación Provincial el establecimiento de una Ordenanza Provincial que permitiera el cobro directamente al ciudadano. La medida fue muy controvertida, en su momento, pero se llevó a cabo; y lo cierto es que eso permitió, independientemente de la autonomía financiera, que no es poco, una organización más estable desde el punto de vista empresarial.

Otra de las dificultades importantes era la incorporación del personal de los ayuntamientos. La entrada de cada uno de los municipios supuso una negociación, complicada en muchos casos, relativa a la incorporación del personal adscrito al servicio, pues todos los ayuntamientos pretendían, lógicamente, que pasara a la empresa provincial todo el personal existente en el servicio municipal. Si tenemos en cuenta que en la mayoría de los ayuntamientos la recogida se realizaba mediante bolseo y con equipos poco adecuados no es difícil deducir que la tónica general era que los servicios municipales estaban sobredimensionados.

Si no hubiéramos establecido criterios de gestión, EPREMASA, hubiera sido la suma de sus problemas más los problemas municipales y por tanto inviable su gestión. El personal existente, aún en la actualidad, en los servicios de recogida es en su inmensa mayoría el proveniente de las negociaciones municipales. Estas supusieron un difícil equilibrio para que los ayuntamientos asumieran, en otros servicios, el personal sobrante. No siempre ni en todos los sitios fue así pero es justo reconocer el esfuerzo que realizaron la mayoría de los alcaldes para entender este problema. Fue una época en la que todavía el dialogo y el sentido común eran la base para solucionar las diferencias. En esto también han cambiado los tiempos.

Estas, en líneas generales, fueron las principales dificultades con las que se encontró la empresa en sus inicios. El Plan Provincial y sus posteriores modificaciones fueron asumidas, poco a poco, por los propios ayuntamientos y por la población provincial con naturalidad sin grandes sobresaltos y con una actitud permanente de dialogo con todos los implicados. Se cerraron los vertederos controlados iniciales hasta concentrar todos los residuos de la provincia en un solo Complejo Medioambiental que incorporó las mejores tecnologías de la época con unos costes asumibles para los ciudadanos.

He de decir que, al menos en mi época, la empresa nunca estuvo politizada, cosa rara en una Sociedad en la que los consejeros son todos, directa o indirectamente, políticos. Las decisiones, en su inmensa mayoría, se tomaban por unanimidad y salvo en el modelo de gestión en el que casi siempre había un grupo político que lo cuestionaba, las demás cuestiones siempre contaron con el apoyo de todos. Estamos hablando de un tiempo en la que todavía los problemas de los ciudadanos ocupaban un lugar importante de las preocupaciones políticas. Esta cuestión, a mi juicio y sin acritud, creo que no ha evolucionado precisamente para mejor.

¿Crees que estamos ahora en el buen camino? ¿El hecho de que la economía circular se haya convertido en una hoja de ruta compartida por casi todos es un buen indicador que nos prepara para futuras metas?

Tener conciencia de que los recursos de nuestro planeta se acaban entra en lo más elemental del sentido común y es tan evidente que, a pesar de la carga utópica que todavía tiene este nuevo concepto, se ha empezado a interiorizar en numerosos procesos industriales. En cualquier caso ese cambio de mentalidad que supone la economía circular sería necesario introducirlo desde los inicios de la educación y en todos los aspectos de la vida. Ese consenso general que parece que existe en torno a este tema sería necesario concretarlo con normas claras que fijaran plazos y medidas concretas de actuación. En los nuevos proyectos para las necesarias renovaciones de las instalaciones de gestión de residuos hay que tener muy claro el  potencial que tienen los residuos como recurso. Solo si lo tomamos en serio estaremos en el camino correcto. Es una transformación compleja que llevará tiempo pero absolutamente necesaria si de verdad queremos alargar la vida en el planeta para que puedan disfrutarla un poco los que ya nos están precediendo.

¿Hasta qué punto son necesarias las alianzas público-privadas para mejorar los sistemas de gestión de residuos?

La gestión de los residuos es un tema de competencia local. Así lo establece la normativa. Ahora bien ¿significa esto que todos estos servicios hayan de prestarse desde la administración y esta sea la mejor fórmula?

Siempre he mantenido que las empresas no son buenas por ser públicas o privadas. Son buenas si están bien gestionadas y no lo son si su gestión es un desastre, sea su capital público o privado. En mi experiencia en EPREMASA adoptamos una forma de gestión controvertida, en su momento, no exenta de dificultades, pero que supuso, desde mi punto de vista, el mayor acierto para poder atender las demandas municipales y racionalizar los recursos de manera eficiente.

Optamos por una empresa fuerte frente a una empresa numerosa. El criterio que mantuvimos desde los inicios fue la de realizar directamente los servicios de tratamiento que son los básicos y generales a todos los municipios y externalizar aquellos otros que dependen de terceros (la recogida municipal) y son los propios ayuntamientos los que deciden, o no, su continuidad. Comenzamos así un sistema de colaboración entre la empresa pública y las empresas privadas del sector.

El papel esencial de lo público está precisamente en la tutela de los intereses públicos más que en la realización material de los mismos. Esa tutela que debe ejercerse desde lo público está en mantener el control y la dirección de los servicios externalizados, que no privatizados, evaluar los mismos permanentemente y establecer las reglas del juego. Se integra de esta forma a las empresas privadas que compiten lealmente para poder acceder a la realización de los servicios y tienen la posibilidad de aportar soluciones medioambientales cada día, por otra parte, más complejas que tienen una especial incidencia en el campo de los residuos. En el caso concreto de la provincia de Córdoba esta forma de gestión público-privada ha aportado un valor añadido importante en la gestión de los residuos. Los servicios que se prestan son de calidad y así lo corroboran los ciudadanos en las encuestas periódicas que se realizan. No ha habido en más de veinticinco años conflictos laborales significativos. Se está reduciendo el peso del sector público. Tiene la oportunidad el sector privado de competir y que de esa competencia se beneficien los ciudadanos de la provincia que, entre otras cosas, tienen el importe por la prestación de los servicios entre los más bajos de Andalucía.

En esa discusión recurrente en cuanto a la prestación de los servicios públicos, si todo público/todo privado, en la provincia de Córdoba optamos hace ya muchos años por colocarnos en el término medio que a fin de cuentas es donde hemos situado siempre a la virtud.

¿Crees que España cumplirá los objetivos marcados por la Unión Europea de reciclar el 60% de los residuos municipales en 2030 y el 65% en 2035?

Establecer y cumplir los objetivos que se han marcado es una apuesta fundamentalmente política que necesita del convencimiento general de las autoridades y de que realmente dejen los intereses económicos y se crean que esto es absolutamente necesario. El poder político actual es tan débil y tan cambiante que nada mueve al optimismo. Cuando los responsables políticos de gran parte de los países europeos ven en estos objetivos más un problema que una oportunidad están señalando realmente cual es el problema.

Todo parece indicar que los objetivos no se van a cumplir y tal vez no le falte razón a los que así opinan ya que no solo consiste en reciclar sino que el producto de ese reciclaje tenga una calidad que le permita ser realmente útil. En cualquier caso, aunque los objetivos planteados sean quizá demasiado ambiciosos y para muchos inalcanzables, si no se fijan objetivos con la mirada puesta lejos nunca alcanzaremos nada. Es necesario iniciar el camino con determinación y ya veremos donde llegamos.

Escrito por espacioanepma

Blog de ANEPMA

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